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24 de marzo de 2012

Pequeñas cosas.

Una vez leí por ahí que alguien le decía a su pareja actual en ese momento : '' Si te llamo pequeña, es que con pequeñas cosas soy feliz''. Puedo asegurar que esa frase me caló muy hondo. Desde ese día llevo reflexionando sobre ese tema. Todo el mundo de este planeta va como enloquecido tras el dinero. Han habido tantísimos casos de traición por un par de miles, millones, a lo mejor hasta unos míseros cientos de euros, dólares, peniques o liras. El primer caso de traición hacía un ser querido lo podemos ver perfectamente en el caso de Judas, que traicionó a su mesías por treinta monedas. Y desde entonces hasta ahora, más de dos mil años después, aun ocurre.  ¿Quién nos ha lavado el cerebro para hacernos pensar que el dinero da la felicidad? Bueno, sí, reconozco que con dinero uno es un poco más feliz. Pero el dinero no puede evitar tener una enfermedad, tampoco puede comprar el amor o la amistad y si lo hace es amor y amistad falsa. Y para tener gente falsa en tu vida estás mejor solo. El dinero es necesario, para comer, para poder llevar ropa, zapatos, cosas que necesitamos en nuestro día a día y para algún que otro capricho, pero nunca conlleva felicidad. La felicidad se encuentra en las pequeñas cosas. Se siente felicidad cuando al despertar sabes que por ahí hay una personita que al despertarse piensa en ti, que te quiere. Se siente felicidad cuando un amigo te abraza, cuando te hace reír y te sientes querido por los que te rodean. Se siente felicidad cuando entras en casa y ves a tus padres juntos, felices y esperándote con una sonrisa, como llevan haciendo 13 años. Se siente felicidad cuando tu mascota se sube en tu cama por la mañana, te da lametazos tímidos, aun que tu sabes que es solo para sacarla a pasear, te sientes querido por un ser vivo más. Más que sentirte querido, te sientes necesitado, por alguien que no seas tú mismo. Sí que es verdad que sería mejor que tu pareja te lleve en una moto carísima, que tus amigos monten fiestas impresionantes en sus mansiones y tus padres te esperen cada día con un regalo, como un móvil nuevo, un ordenador con el que sueñas o un televisor nuevo. Eso es lo que da el dinero, solo bienes materiales, a la vez que dispensables. Lo que no lo da el dinero son cosas indispensables, que necesitas en tu día a día y con las que de verdad, si te faltasen serías verdaderamente infeliz. Y aunque mucha gente podría pensar que una simple niña de 14 años, aun no cumplidos, diga cosas como esta y reflexione todo esto, yo personalmente creo que es mejor abrir los ojos ahora y no acabar siendo un puto corrupto al que no quiere ni su madre.

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